Cuando son las 6 de la mañana en
un cuarto no muy grande con poca luz, en
donde los implementos de cocina están apilados uno sobre otro y el polvo es
parte de los pisos y paredes, se escucha
un reloj parlante que anuncia la hora,
al oírla Ricardo Morocho abre sus ojos y sabe que ha amanecido, a pesar
de esto la oscuridad de la noche aún lo
acompaña, esto debido a que Ricardo es
un hombre no vidente de 58 años quien padece ceguera completa desde su
nacimiento, sin embargo esto no le ha impedido sobrevivir y sortear difíciles
pruebas como todo ser humano.
Después de su despertar, Ricardo
toma asiento en su cama y luego de exhalar un breve suspiro decide levantarse y
revisar si hoy puede desayunar, ésto consiste en verificar si ha quedado algo
de alimento que le regalan o compra, parece que esta vez no hay nada así que no queda otra más que vestirse y
salir a realizar sus labores, Ricardo trabaja como bibliotecario en el mismo
lugar en el cual vive que es la Sociedad de No Videntes (SONVA), aquí su labor
principal es velar por la colección de libros en braille, audio y tinta que ahí
existe.
Son las 7 y media de la mañana y
Ricardo ya se encuentra en la
biblioteca, pasan dos horas y uno de sus
amigos de la sociedad llega portando malas noticias, sucede que en la Asamblea
de SONVA que se desarrolla cada fin de semana varios de sus compañeros han
opinado que el trabajo de Ricardo “no sirve” ya a que a más de su condición de
ciego, padece artrosis enfermedad que ha debilitado sus huesos, especialmente
de manos y rodillas lo que no le permite ordenar y clasificar textos, por lo tanto se
han propuesto cambiar de empleado o hasta prescindir de cualquier servicio.
Luego de escuchar esto Ricardo no puede evitar preocuparse y recordar el porqué
de trabajar ahí, “con dificultad terminé el
colegio y no pude estudiar en la
universidad, los profesores no me creían capaz y me decían ud. no puede dar
exámenes, cómo podría aprender, molestos apodos, etc, además no logré obtener
un título y acceder a un mejor empleo” al mismo tiempo menciona: “¿Cómo se
supone que voy a mantenerme? Nadie más me dará trabajo, ¿acaso les parece mucho
esos noventa dólares que me pagan? Son preguntas que Ricardo hace a su amigo,
el cual realmente no tiene una respuesta.
Más tarde ya se aproxima la hora
del almuerzo pero Ricardo se siente angustiado, no puede apartar de su mente lo
que le han contado hace poco acerca de su estadía en su trabajo, pensando y
pensando en el mismo tema, una voz femenina dice “Ricardo venga a comer con
nosotros, hice carnesita” es doña Julia quien trabaja como conserje y cada que
puede comparte el alimento de su familia con él.
Después del almuerzo se reincorpora
a la sala de textos, ya aquí decide acomodar varios libros pese a que sus dedos
no trabajan de manera correcta, no le
responden como él quisiera, tal vez así de resultar ciertos los rumores de su
despido se reconsidere el tema y se den cuenta que aún tiene capacidad de trabajar. Han dado
ya las 7 de la noche y Ricardo vuelve a su cuarto con la idea de dormir por que
como ocurrió en la mañana no hay comida debido a que su sueldo a más de sortear
el pago del alquiler y servicios básicos no le rinde el mes obviamente.
Se prepara, se acuesta como
varias noches con el estómago medianamente vacío y con varias preocupaciones en su mente, le
cuesta conciliar el sueño pero
finalmente se duerme pensando en ¿qué pasará mañana? y cómo enfrentará un día
más en medio de la oscuridad.
Ricardo
nos deja ver su lado personal de manera muy abierta, así mismo el modo en el
que se desenvuelve en su diario vivir, hemos iniciado con una crónica la cual
nos introduce al tema denotando la experiencia del personaje quien posee
discapacidad visual en cuanto a la educación universitaria, continuamos con una
entrevista a Doménica Urdiales quien es sorda de nacimiento y su apreciación de
la temática.